Mary Kay Ash, la emprendedora que logró el éxito empoderando a otras mujeres

La historia de Mary Kay Ash, una emprendedora exitosa

En el año de 1963, una exitosa ejecutiva decidió renunciar a la compañía en la que había trabajado por años tras sentirse frustrada al ver que sus oportunidades eran limitadas por el hecho de ser mujer. Ese mismo año, crearía la compañía que la convertiría en la mujer de negocios más destacada del siglo XX.

La emprendedora de esta historia es Mary Kay Ash, quien nació en Hot Wells – Texas en 1918 y tuvo que enfrentar grandes retos desde muy joven. A la edad de 7 años, quedó a cargo de su padre que sufría de tuberculosis. Luego, aunque se graduó del colegio siendo la mejor de su clase, su sueño de ir a la universidad se vio truncado frente a las dificultades económicas de su familia.

En 1935, a la edad de 17 años, contrajo matrimonio con Ben Rogers, con quien tuvo 3 hijos, pero de quien se separó pocos años después.

En aquella época, las mujeres solían dedicarse por completo a las labores del hogar o a realizar trabajo triviales y poco valorados, por lo que las opciones para Mary Kay eran bastante limitadas; sin embargo, se le presentaría una oportunidad que marcaría el inicio de una exitosa carrera en el mundo de las ventas.

Descubriendo su pasión por las ventas

La historia de Mary Kay Ash

En 1939 consiguió un trato para ganar comisiones vendiendo libros puerta a puerta y allí descubrió que sentía una gran pasión por las ventas directas, además de que disfrutaba la libertad que le daba el administrar su propio tiempo porque así podía organizarse para trabajar 3 o 4 horas diarias y luego compartir con sus hijos.

Su habilidad y talento para las ventas era evidente. Mary Kay sabía entender a sus clientes y su discurso era muy persuasivo. Al cabo de 9 meses, ya había vendido más de 25 mil dólares en libros a vecinos y amigos.

A pesar de su éxito con los libros, se percató de que podía ganar mucho más si ofrecía un producto que generara ventas recurrentes.

Tras investigar, encontró los productos para el hogar fabricados por la compañía “Stanley”, y pensó que eran ideales para dar el siguiente paso en su carrera.

Comenzó a ofrecer los productos puerta a puerta, pero las ventas logradas no eran las que esperaba. Se dio cuenta de que para vender productos para el hogar se necesitaba una estrategia diferente que para vender libros.

Lejos de rendirse, Mary Kay se enteró de que próximamente se realizaría en Dallas – Texas la convención anual de Stanley y decidió asistir para poder aprender más del negocio.

Durante el evento, la compañía otorgó un reconocimiento a la persona que había logrado la mayor cantidad de ventas en ese año, lo que hizo que Mary se sintiera muy entusiasmada. Tras cruzarse con el presidente de Stanley, lo saludó y le aseguró que el próximo año ella sería la reina de las ventas.

Firmemente convencida de su promesa, buscó a la chica que había obtenido el reconocimiento por sus ventas para pedirle que le enseñara cómo hacía sus demostraciones de productos y ella accedió. Tomó 19 páginas de notas y pasó el tiempo de regreso a casa practicando todo lo que había aprendido. La semana siguiente, logró cuadriplicar sus ventas, y éstas siguieron aumentando semana tras semana. Para el año siguiente, se había convertido en la mayor vendedora de la compañía y obtuvo el reconocimiento anual con que se había comprometido.

Los siguientes años que trabajó en Stanley continuó incrementando sus ventas y aprendiendo valiosas lecciones de negocios que serían la base para sus próximos proyectos.

En 1952 Mary Kay dejó Stanley por otro puesto en ventas en World Gift. Su empeño y su talento la llevaron a la junta directiva de la compañía; sin embargo, sus opiniones y su trabajo eran menos valorados por ser mujer, situación que la llenaba constantemente de frustración.

Tras más de 10 años desarrollando una exitosa carrera dentro de la empresa, primero como vendedora y luego como directora nacional de capacitación, sentía que merecía mucho más, pero su jefe le dejó claro que no lo conseguiría allí.

Su salario era inferior incluso que el de los vendedores que capacitaba, pero su jefe argumentaba que debía pagar más a los hombres porque tenían familias que mantener.

La gota que derramó el vaso fue un ascenso que se le negó porque sencillamente una mujer no podía asumir el cargo, según le indicaba su jefe.

Cansada del machismo de la compañía y de la desigualdad laboral que vivía, renunció en 1963. Fue una decisión muy difícil para ella porque había puesto todo su empeño y había alcanzado grandes logros allí. Los días posteriores fueron devastadores y llenos de mucha tristeza, llegando incluso a pensar en volver si la llamaban… pero esa llamada nunca llegó.

Un firme propósito: empoderar a otras mujeres

Mary Kay Ash, una emprendedora exitosa

Enojada por lo sucedido, se decidió a escribir un libro que ayudará a las mujeres a vencer los obstáculos que ella había enfrentado. En sus escritos iba plasmando las lecciones aprendidas, problemas que se le presentaron y las cosas buenas de las dos empresas para las que había trabajado. Al terminar de escribir, lo leyó todo y descubrió que había elaborado un completo plan de negocios que podría dar oportunidades ilimitadas para que las mujeres lograran todo lo que se propusieran.

Su idea era crear una empresa que le permitiera a las mujeres tener éxito ayudando a otras, por lo que necesitaría un producto que las mujeres usaran, que recomendaran con confianza a otras personas y que pudieran vender sin dificultades. Pensó en diferentes alternativas y decidió que ese producto que buscaba eran cosméticos, porque las mujeres se convertían en expertas en cosméticos desde muy jóvenes, lo que les facilitaría el proceso de ventas.

Con 45 años de edad y mucha determinación, Mary Kay estaba lista para iniciar su más importante proyecto, pero la vida le pondría una prueba más… Su segundo marido, George Hallenbeck, quien la había apoyado en el proceso de planeación de su empresa, falleció de un paro cardiaco un mes antes de la inauguración.

El desafortunado suceso no sólo fue un golpe emocional para Mary, sino que también la afectó económicamente y puso en riesgo el lanzamiento de su compañía; sin embargo, sus hijos le brindaron todo el apoyo para que no desfalleciera en su sueño.

Con un capital inicial de $5.000 dólares y la fórmula de una crema para la piel que habían comprado, el 13 de septiembre de 1963 abrió sus puertas Mary Kay Cosmetics en un local con un pequeño escaparate en Dallas, Texas.

La compañía nació bajo un principio fundamental que se convirtió en la regla de oro para todos los que allí trabajaban: “permitir a las mujeres progresar ayudando a otras a alcanzar el éxito”.

Mary Kay Cosmetics creció rápidamente gracias a la visión de su fundadora y a toda la experiencia que había acumulado por años.

Mes tras mes se unían más consultoras independientes a la empresa, el catálogo de productos se fue ampliando y las ventas aumentaban sin parar.

El año siguiente, en 1964, Mary Kay Cosmetics realiza su primera convención anual para premiar e inspirar a sus vendedoras, comenzando así una tradición que se convertiría en uno de los pilares de la compañía.

En 1969 Mary Kay establece el programa del auto profesional, entregando el icónico Cadillac rosa a la vendedora del año como un símbolo de éxito para sus consultoras de belleza independientes.

Para 1976, 13 años después de su inauguración, Mary Kay Cosmetics se convierte en la primera compañía presidida por una mujer en cotizar en la Bolsa de Valores de Nueva York.

Actualmente, la compañía cuenta con más de 3.5 millones de Consultoras de Belleza Independientes y ofrece más de 200 productos en más de 35 países alrededor del mundo.

El legado de Mary Kay Ash

Frase de Mary Kay Ash

Más allá del tremendo éxito de su compañía, los logros de Mary Kay Ash trascienden de lo empresarial. Fue una visionaria que se atrevió a desafiar el status quo de la época e inspiró a varias generaciones de mujeres para que tomaran el control de sus vidas. Fue reconocida por varios medios como una de las empresarias más influyentes del siglo XX y escribió tres libros que se convirtieron en best-sellers. Además, es recordada por su labor filantrópica, apoyando organizaciones de mujeres y aportando fondos para investigaciones de la lucha contra el cáncer.

Mary Kay se casó por tercera vez en 1966, con Melville Jerome Ash, de quien tomó su apellido.

Estuvo a cargo de la empresa hasta el año 1986, pero tras sufrir un infarto tuvo que alejarse poco a poco hasta que se retiró definitivamente en 1987, año en que fue nombrada como presidente honoraria.

En el año 2001 fallece a la edad de 83 años, pero su filosofía y su legado sigue en cada una de las mujeres que encontraron en Mary Kay Cosmetics una oportunidad para ser independientes y lograr sus sueños.

En las propias palabras de Mary Kay Ash: “Puedes lograr cualquier cosa de este mundo que quieras, si lo quieres lo suficiente como para pagar su precio.”

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