Surinam a la vanguardia en lucha regional contra malaria


Mientras la región de las Américas volvió a registrar aumentos en los casos de malaria en 2016 y 2017, después de un descenso importante durante la anterior década (2005-2014), Surinam, el país más pequeño de Sudamérica, exhibe logros en prevención, diagnóstico y tratamiento de la enfermedad.
 
[Surinam] “pasó de ser uno de los países con el más alto índice de parásitos transmisores de malaria de las Américas a lograr estar al borde de la eliminación”, en el período 2000-2015, señala un artículo publicado en Malaria Journal.
 
En 2015, el 95% de los casos reportados en ese país fueron importados desde la vecina Guayana Francesa. La malaria es una enfermedad parasitaria transmitida por el mosquito anófeles y tiene cura con un tratamiento relativamente rápido.
 
“Nunca se había logrado este nivel tan bajo de incidencia, prevalencia y transmisión de malaria entre la gente que vive en el interior de Surinam”, confirmó a SciDev.Net Edward van Eer, autor principal del estudio.
 
“Un área que tenía el tipo más peligroso de malaria (Plasmodium falciparum) hasta hace diez años ahora tiene la posibilidad de eliminarla”, agregó.

La malaria es una enfermedad asociada a la pobreza. Detener la transmisión en un tiempo y espacio acotados no garantiza que no exista un rebote en los años siguientes si paralelamente no se contemplan las necesidades de salud pública de las poblaciones locales”.

Gabriel Zorello Laporta, Facultad de Medicina de ABC, Sao Paulo

Según Van Eer, la declinación de la malaria endémica ha sido posible mediante la introducción de la nueva terapia combinada con artemisinina, una distribución masiva de insecticidas que impregnan los lugares donde se posan los mosquitos y centros de atención disponibles.
 
Para Gabriel Zorello Laporta, investigador de la Facultad de Medicina de ABC, de Sao Paulo, Brasil, el trabajo muestra un patrón de disminución de la malaria en Surinam, acorde a lo que pasaba en líneas generales en Sudamérica hasta hace dos años.
 
El pasado 30 de enero, la Organización Panamericana de la Salud emitió una alerta debido al aumento de casos de malaria en la región en los últimos 24 meses. Nueve países (Colombia, Ecuador, El Salvador, Haití, Honduras, Nicaragua, Panamá, Guyana y Venezuela) notificaron aumentos de casos en 2016, y cinco (Brasil, Ecuador, México, Nicaragua y Venezuela) también en 2017.
 
El caso más notorio es Venezuela, que registró 240.613 casos en 2016 y hasta setiembre de 2017 tenía 319.765 casos notificados.
 
En este contexto, Zorello dice que es remarcable que la tendencia a la baja en Surinam se sostenga con actividades de control.
 
Pero remarca que hay una dimensión social que se necesita mejorar. “La malaria es una enfermedad asociada a la pobreza. Detener la transmisión en un tiempo y espacio acotados no garantiza que no exista un rebote en los años siguientes si paralelamente no se contemplan las necesidades de salud pública de las poblaciones locales”, dijo.

A la posibilidad de eliminación sostenida se refirió también Tomás Orduna, jefe de medicina tropical y del viajero del Hospital Muñiz en Buenos Aires. La malaria “es una enfermedad que podría ser fácilmente controlable si en 48 horas se hiciera el diagnóstico y tratamiento. Por eso existe la pauta de la Organización Mundial de la Salud de eliminarla del continente hacia 2020 y de todo el mundo hacia 2040”, subraya.
 
Añade que en América Latina y el Caribe la cantidad de muertos por la enfermedad es muy baja. En 2016 hubo 650 fallecidos, equivalente a menos 0,5 por ciento por cien mil habitantes en riesgo.
 
Ello, según Orduna, se debe a que los servicios de salud “son bastante mejores que en el África subsahariana”. Allí, según la OMS, se concentra el 90 por ciento de enfermos de malaria de todo el mundo y el 92 por ciento de fallecidos, afectando principalmente a niños menores de 5 años y mujeres embarazadas.> Enlace al artículo completo en Malaria Journal

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