Sin ayuda de los humanos, la batata colonizó el mundo

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La distribución del camote ha desconcertado a los científicos: ¿cómo es que de sus ancestros americanos ha llegado hasta islas más allá del Pacífico?

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Karsten Moran para The New York Times

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De todas las plantas que la humanidad ha convertido en cultivos, ninguna es más enigmática que el camote. Los indígenas de Centro y Sudamérica lo cultivaron en fincas por generaciones y los europeos lo descubrieron cuando Cristóbal Colón llegó al Caribe en el siglo XV.

En el siglo XVIII, el capitán Cook se volvió a cruzar con las batatas, pero a más de 6000 kilómetros de distancia, en las remotas islas polinesias. Posteriormente, los exploradores las encontraron en otras zonas del Pacífico, desde Hawái hasta Papúa Nueva Guinea.

La expansión de la planta desconcertó a los científicos. ¿Cómo puede ser que el camote surgiera a partir de un ancestro silvestre y después se desperdigara de una manera tan extensa? ¿Será posible que exploradores desconocidos lo hayan llevado de Sudamérica a varias islas del Pacífico?

Un análisis minucioso del ADN del camote publicado el 12 de abril en Current Biology llegó a una conclusión controvertida: los humanos no tuvieron nada que ver. La batata se propagó por el globo mucho antes de que los humanos estuvieran involucrados: es un viajero natural.

Aunque algunos expertos agrícolas se muestran escépticos.

“Este trabajo no resuelve el problema”, mencionó Logan J. Kistler, el curador de arqueogenómica y arqueobotánica del Instituto Smithsonian. Aún siguen vigentes posibles explicaciones alternativas, dijo, porque el nuevo estudio no proporciona suficiente evidencia de dónde fue exactamente que se domesticó por primera vez el camote y cuándo llegó al Pacífico.

El camote o batata, Ipomoea batatas, es uno de los cultivos más valiosos del mundo, ya que brinda más nutrientes por hectárea cultivada que cualquier otro alimento básico. Ha mantenido a comunidades humanas durante siglos.

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Una litografía de Cristóbal Colón al llegar al Caribe

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Louis Prang and Company/Getty Images

Los científicos han ofrecido varias teorías que explican la gran distribución del I. batatas. Algunos académicos propusieron que todos los camotes eran originarios del continente americano y que, después del viaje de Colón, los europeos los habían llevado a colonias como Filipinas. Los habitantes de las islas del Pacífico debían de haber adquirido los cultivos ahí, según esas teorías.

No obstante, resulta que los pueblos de las islas del Pacífico habían cultivado la planta durante generaciones para cuando los europeos aparecieron. En una isla polinesia, los arqueólogos han encontrado que el camote tiene más de setecientos años de antigüedad.

Entonces surgió una hipótesis radicalmente diferente: los pueblos de las islas del Pacífico, maestros de la navegación en mar abierto, recogieron los camotes en viajes a América, mucho antes de la llegada de Colón. La evidencia incluía una coincidencia sugerente: en Perú, algunos pueblos indígenas llamaban “cumara” al camote. En Nueva Zelanda es “kumara”.

La evidencia genética solo complicó el panorama. Al examinar el ADN de la planta, algunos investigadores concluyeron que el camote había surgido una vez de un ancestro silvestre, mientras que otros estudios indicaron que había surgido en dos momentos diferentes de la historia. De acuerdo con los últimos estudios, los sudamericanos domesticaron el camote y después lo adquirieron los polinesios. Los centroamericanos domesticaron una segunda variedad que luego se llevaron los europeos.

Con la esperanza de explicar un poco el misterio, un equipo de investigadores recienteente realizó un estudio nuevo: el análisis más grande que se haya hecho hasta ahora del ADN del camote. Y llegaron a una conclusión muy diferente.

“Hallamos evidencia muy clara de que el camote podría haber llegado al Pacífico naturalmente”, comentó Pablo Muñoz Rodríguez, un botánico de la Universidad de Oxford. Muñoz cree que las plantas silvestres viajaron miles de kilómetros por el Pacífico sin la ayuda de los humanos.

Muñoz y sus colegas visitaron museos y herbarios de todo el mundo para tomar muestras de las variedades de camote y sus parientes silvestres. Los investigadores utilizaron una poderosa tecnología de secuenciación del ADN para reunir más material genético de las plantas del que se había podido recabar en estudios anteriores.

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Una campesina cosecha batata en Papúa Nueva Guinea. El vegetal llegó ahí incluso antes que los humanos, según los científicos.

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Infocusphotos/Alamy

Su investigación concluyó que solo una planta silvestre había sido el ancestro de todos los camotes. Se trata de una flor cubierta de maleza llamada Ipomoea trifida que crece en el Caribe. Sus flores de color púrpura tenue se parecen mucho a las del camote, aunque la I. trifida solo da una raíz del grueso de un lápiz. “No la podríamos comer”, mencionó Muñoz.

Los ancestros de los camotes se separaron de la I. trifida al menos hace 800.000 años, calcularon los científicos.

Para investigar cómo llegaron al Pacífico, el equipo fue al Museo de Historia Natural de Londres, pues ahí están almacenadas las hojas del camote que recolectó la tripulación del capitán Cook en Polinesia. Los investigadores cortaron pedazos de las hojas de donde extrajeron el ADN.

Resulta que los camotes polinesios tuvieron una genética poco común: “Muy distinta de cualquier otra cosa”, comentó Muñoz.

El camote que se encontró en Polinesia se separó hace más de 111.000 años de todos los demás camotes que estudiaron los investigadores. Sin embargo, los humanos llegaron a Nueva Guinea hace casi 50.000 años y apenas llegaron a las islas remotas del Pacífico hace unos pocos miles de años.

Debido a la antigüedad de los camotes del Pacífico, es imposible que algún humano —ni españoles ni pobladores de las islas del Pacífico— haya sacado la especie de América, señaló Muñoz.

No obstante, Tim P. Denham, un arqueólogo de la Universidad Nacional Australiana que no estuvo involucrado en el estudio, consideró que este escenario era difícil de digerir pues sugeriría que los ancestros silvestres del camote se propagaron por el Pacífico antes de ser domesticados varias veces, y aun así terminaron luciendo iguales cada una de las veces. “Esto es poco probable”, mencionó Denham.

Descifrar la historia de los cultivos de esta manera va más allá de satisfacer nuestra curiosidad sobre el pasado.

Las plantas silvestres tienen muchas variantes genéticas que se perdieron cuando la gente domesticó los cultivos. Tal vez los investigadores encuentren plantas que puedan hibridar con el camote domesticado y otros cultivos, con lo cual les otorgarían genes para resistir enfermedades o para soportar el cambio climático.

“En esencia, el objetivo sería preservar el acervo génico que alimenta al mundo”, comentó Kistler.

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Variedades de camote en una exhibición del Centro Internacional de la Papa, en Lima, Perú

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Robert Scotland

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