Por qué vale la pena invertir en tecnología sin complicaciones

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El 3Doodler Create+ de WobbleWorks es tan fácil de usar que tal vez ni siquiera lo consideres un dispositivo, mucho menos una impresora 3D, lo cual lo vuelve un excelente ejemplo de la tecnología “sin complicaciones”.

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Daniel Cowen/WobbleWorks Inc.

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Mi hija Liz adora los dispositivos electrónicos. Incluso realizó una reseña de uno: el 3Doodler Create+ de WobbleWorks, un dispositivo que es parte pluma, parte impresora 3D (aquí la podrás ver haciendo una demostración). Lo que más me sorprende es que, como está diseñado para ser un juguete, dejamos de notar que es un dispositivo. Sin embargo, por supuesto que lo es y te permite crear objetos de la misma manera (y con muchos de los mismos materiales) que una impresora 3D usual y complicada.

Como bien menciona mi hija, es “impresión 3D en tiempo real”. No obstante, usar la pluma es divertido y es un gran ejemplo de la tecnología “sin complicaciones”. No hay necesidad de aprender a usar un software complicadísimo. De hecho, no se requiere de una computadora para usarla y se puede poner en marcha rápidamente.

En muchos sentidos, es un modelo a seguir de cómo debería ser toda la tecnología de consumo, y de lo que separa a la tecnología que perdura de los aparatos que se olvidan en uno o dos años: no tiene mayores complicaciones.

¿Cómo debe ser la ‘tecnología sin complicaciones’?

Me recuerda a otros dos productos: el primero, la videocámara automática de Pure Digital, la cámara de bolsillo Flip, de la cual hay una reseña en The New York Times en 2008. Casi me niego a hacer mi propia reseña en aquel entonces porque, como le dije a mi editor, era demasiado simplista y no podía competir con las videocámaras de tamaño estándar. Sin embargo, cuando la probé quedé impresionado, al menos de lo fácil que era usarla. En esa época, escribí: “Solo basta presionar el botón rojo para empezar y detener la grabación. Borra lo que no te guste. Retrocede el video para que veas lo que quieras revisar. ¿Qué podría ser más sencillo?”. Recuerdo que un buen amigo vio la parte posterior de la Flip y me dijo: “Ah, para grabar solo hay que presionar el gran botón rojo, ¿verdad?”. Ese es un diseño intuitivo.

El segundo producto es GarageBand, de Apple, una aplicación móvil de creación musical para iPad y iPhone. Antes de que saliera al mercado, estuve esforzándome por aprender a usar en mi computadora personal programas de audio digital para computadoras de escritorio que tenían todas las funciones pero un diseño deficiente, y me frustré enormemente. Me pasé meses intentando dominar una técnica, solo para perder la motivación y desistir. Cuando Apple presentó GarageBand, produje de principio a fin una canción entera en horas, en lugar de semanas o meses. En particular, quedé asombrado por la manera en que, cuando presionabas un icono con un signo de interrogación, en la versión para iPad aparecían por toda la pantalla descripciones precisas de funciones claves. Como músico aficionado, los consejos y las guías de ayuda de ese estilo son esenciales para la experiencia del usuario.

La tecnología más sencilla y fácil de usar siempre gana

Sin embargo, a menudo la tecnología de consumo es justo lo opuesto: es demasiado complicada. Le pregunté a Jeffrey Zeldman, un diseñador web, autor y empresario, por qué pasa esto. En parte, me explicó, se debe a que la tecnología tiene la tradición de ser complicada.

“Cuando comencé en el diseño web, las computadoras eran para los nerds, y la gente se enorgullecía de lo difícil que era todo”, comentó Zeldman. Las personas dentro del medio tecnológico de finales de la década de los ochenta e inicios de la de los noventa estaban familiarizados con el siguiente escenario: un ingeniero crea un producto, y después le añade características que un gerente le dijo que querían sus clientes. Funcionaba, pero casi siempre era imposible descubrirlo de manera intuitiva. En otras palabras: “En realidad, nadie estaba considerando las necesidades del consumidor”, señaló Zeldman.

No obstante, Zeldman mencionó que en los últimos veinte años se ha dado un cambio. Los productos que han sido más exitosos, en particular los productos y los servicios digitales, “no han sido necesariamente los más avanzados, sofisticados o hermosos”, me explicó, “sino los que comprendieron qué querían hacer los consumidores y les dieron la capacidad de hacerlo”.

Esto causó que Amazon, Google y Apple se volvieran tan poderosas. Esta noción también se puede usar para descubrir por qué fracasan los productos. Por ejemplo, el tropiezo que tuvo Microsoft al rediseñar el sistema operativo Windows 8: la maniobra fue destrozada casi en todo el mundo por haber eliminado el sello distintivo del botón de “Inicio”, en el cual habían llegado a confiar los usuarios. No cabe duda que “Metro”, la nueva interfaz azulejada, era sofisticada y atractiva, y reflejaba la forma en que el mercado estaba cambiando e incorporando elementos de diseño amigables para los dispositivos móviles. Sin embargo, malinterpretó lo que los consumidores querían: un punto de inicio constante.

Cómo identificar la tecnología que vale la pena usar o que va a durar

La clave para determinar si una nueva tecnología te va a servir, ya sea un dispositivo, una aplicación o un sitio web, y, mejor aún, si va a resistir el paso del tiempo, es su complejidad y qué tan fácil es que el producto haga lo que está diseñado a hacer. He aquí algunos factores que te servirán para hacer una evaluación antes de registrarte o gastar tu dinero.

Busca diseños simples y obvios

Antes de comprar algo, debería quedar bastante claro qué hace y, en general, cómo funciona. “Cuando un consumidor se frustra en un sitio web, quiere decir que un diseñador no hizo su trabajo correctamente”, comentó Zeldman. Esto significa que los diseñadores no siempre hacen bien su trabajo. No es tu culpa. Los diseños de los productos deben hacer que tu experiencia sea simple y clara. Esto se puede expandir a cualquier producto tecnológico, desde las computadoras de escritorio y las televisiones hasta los monitores de rendimiento físico y las aplicaciones. Si quieres comprar un altavoz inalámbrico, pero los controles no se pueden identificar con claridad y es complicado emparejarlo con tu dispositivo móvil, entonces considera otro, pues hay mucho de dónde escoger.

Evita los dispositivos o servicios que te confundan

Las impresoras de inyección de tinta tienen algunas funciones impresionantes, pero me molestan los cartuchos de tinta que necesitan, porque parecieran diseñados para confundirte. A lo largo de los años, la mayoría de las impresoras que he tenido me han indicado que debía remplazar el cartucho, aunque todavía pudiera imprimir páginas de texto. La configuración no ofrece ninguna medida precisa de cuánta tinta queda, a pesar de que pueda imprimir muchas páginas. Esto quiere decir que si desecho mi cartucho de tinta demasiado pronto, en esencia estoy desperdiciando mi dinero. Eso simplemente se llama diseño de producto deficiente y confuso o, peor aun: diseño de producto impreciso a propósito para que gastes dinero de forma innecesaria.

Sé consciente de cómo aprendes a usar la tecnología y para qué la usas

Para la mayoría de las cosas, tal vez solo necesitas un producto o una aplicación muy sencillos. Las personas que deseen más sofisticación tendrán que invertir tiempo para encontrar una alternativa con todas las opciones necesarias. “Si hay una curva de aprendizaje, ¿esta te enseña una nueva manera de pensar sobre el asunto y te hace mejorar en lo que haces?”, cuestionó Zeldman. Si fuera el caso, ese producto podría valer la pena. Si compras una cámara de gama alta, puedes aprender a tomar una enorme variedad de fotos creativas. Sin embargo, si solo la usas para tomar selfis sencillas, tal vez estás desperdiciando tu dinero.

Lee reseñas, después haz la prueba

“Si quiero descargar una aplicación de la tienda de aplicaciones de Apple, primero leo las reseñas. Estudio las capturas de pantalla que hay, pues son ejemplos de la aplicación”, comentó Zeldman. “Tal vez me interesa descargar una aplicación para fotos pero, si los filtros no me gustan en la captura de pantalla, ya sé que no es para mí”. También está bien dejar de usar una aplicación barata o económica después de haberla descargado. “Una de las mejores cosas que tienen las aplicaciones es que también puedes probar una versión con funciones restringidas (solo están activados ciertos elementos de la aplicación) y ver si te va bien antes de tomar la decisión de pagar por un producto con todas las funciones”, señaló Zeldman. Es difícil, pero no imposible, probar equipos como una cámara o un altavoz. Intenta pedir prestado el dispositivo a un amigo para probarlo. O intenta rentar uno. Con un producto grande, como una televisión, visita a un amigo que haya comprado el mismo producto (o uno similar) y observa cómo funciona.

Lee el manual o las guías de ayuda del producto

Como maestro, encuentro que esta es una medida valiosa del esfuerzo que en verdad invierte la empresa. Alguna vez compré un escáner independiente que tenía un manual que se quedó a la mitad de las instrucciones —no fue ninguna sorpresa que casi no lo usara—. En cambio, una vez escribí una reseña de una cámara digital que tenía varios consejos sencillos y bien ilustrados que estaban integrados justo en el menú de la cámara: eran invaluables para un principiante e incluso útiles para los fotógrafos experimentados.

No tengas miedo de dejar de usar tu producto o devolverlo

Está claro que es más fácil hacer esto si no gastaste mucho dinero. “Si una aplicación no me sirve, simplemente la quito de mi teléfono sin mirar atrás”, comentó Zeldman. Tal vez las reseñas eran buenas y sea prestigiosa, pero no te preocupes si la tecnología no cumple con tus necesidades. En cuanto a los dispositivos costosos, investiga de antemano, pero utiliza la misma filosofía: después de haber investigado, si el producto en cuestión no cumple con tus necesidades o tu presupuesto, desiste. Devuélvelo o, mejor aún, véndelo.

Mantente actualizado sobre la tecnología que te importa

Si buscas tecnología poco complicada, no puedes hacer una evaluación verdadera si no conoces qué está disponible o qué ha cambiado. Si hace diez años querías una cámara de gama alta, los mejores visores eran los que se encontraban a través de la lente en las cámaras réflex digitales de una sola lente. En aquel entonces, los visores electrónicos eran mediocres y granulosos, además de que tenían una calidad inferior. Sin embargo, en la actualidad, los visores electrónicos son igual de claros y nítidos.

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