¿Para qué la inmigración?

Se generó en la Argentina un debate muy serio respecto de la inmigración a partir de los acontecimientos de violencia ocurridos el 24 de octubre frente al Congreso de la Nación, cuando se trataba el Presupuesto 2019 en la Cámara de Diputados. El episodio terminó con varios detenidos, entre los que se encontraban extranjeros: dos venezolanos, un turco y un paraguayo.

A partir de esto, se generó una oleada de declaraciones de políticos muy importantes que hablaban de expulsión inmediata y un replanteo incluso por parte del gobierno respecto de las normas que rigen a los inmigrantes. Argentina tiene indudablemente una política muy flexible que, de hecho en la práctica, estuvo diseñada para atraer inmigración.

Esto fue modificado en los años del gobierno de Néstor Kirchner. De alguna manera, fue el resultado de un hecho que se dio de forma bastante automática: las corrientes migratorias de los países limítrofes y de otros países de la región como Perú, por ejemplo, se mantuvieron e incluso se intensificaron en las últimas décadas.

Tres puntos al respecto

Primero: la Argentina es un país de inmigrantes, es un país que fue forjado gracias a la inmigración, como consecuencia de la inmigración. Todos tenemos algún familiar que ha sido inmigrante, incluso algunos fuimos inmigrantes en otros países.

Como país de inmigrantes, primero tenemos que entender que no hay ninguna diferencia entre un inmigrante de Europa, Asia o de América Latina, somos todos iguales.

No hay ninguna diferencia entre un inmigrante que hoy llega a la Argentina sin nada y como cuando llegaron nuestros abuelos. Y así como ellos tuvieron la oportunidad de educarse, de educar a sus hijos y de educar a sus nietos, creo que tenemos la obligación moral de hacer lo mismo.

Segundo: esto no implica de ninguna manera una política ingenua o absurda de abrir las fronteras a cualquiera, de no regular la inmigración, de no cuidar el gasto público con muchos abusos que a veces se generan con grupos de residentes de otros países que muchas veces utilizan, por ejemplo, nuestros servicios de salud.

Una cosa son los inmigrantes y otra cosa son los residentes de otros países que vienen a aprovechar los bienes públicos que tenemos en el país.

Pero creo que los que vienen a la Argentina y residen en el país tienen que tener los mismos derechos que tenemos los ciudadanos a gozar de los bienes públicos, a tener educación, salud, seguridad, etc. Esto está en el preámbulo de la Constitución y en la tradición de este país, en la mejor tradición de este país, los que residen, los que contribuyen al desarrollo, al crecimiento, los que forman parte de este sueño aún no resuelto o pendiente que es la Argentina, tienen que tener los mismos derechos, no importa su país de origen.

Tercero: Por supuesto que aquí hay una cuestión muy importante que tiene que ver con los mecanismos de integración social, la construcción de ciudadanía, la forma en la cual estos inmigrantes terminan insertos en esta sociedad. Y aquí, lamentablemente, como la Argentina tiene una enorme economía informal, muy a menudo los inmigrantes se insertan de forma imperfecta en la sociedad argentina, se insertan desde la informalidad. Es decir, tienen derechos parciales. Y esto es un desafío que tenemos que resolver. Pero ¿por qué es tan importante esto? Porque la Argentina es un país enorme que tiene muchísimos problemas, pero tiene sobre todo un territorio que no está poblado.

Como parte de nuestro plan de desarrollo estratégico, que todavía no tenemos, uno de los retos a afrontar será el de ocupar el territorio nacional de forma más inteligente ya que los inmigrantes en su mayor parte residen en los grandes centros urbanos.

Este hecho se debe, en todo caso, a la ausencia de una política pública integral para fomentar otros núcleos, otras ciudades, otras regiones que atraigan a estos inmigrantes, que también atraigan a los ciudadanos argentinos a desplazarse hacia otros sitios en busca de otras oportunidades. El problema no son los inmigrantes, sino que no tenemos un plan estratégico. Entonces, entiendo la reacción de muchos argentinos frente a la participación de eventuales inmigrantes en hechos de violencia, que, por supuesto, tienen que estar sometidos a las leyes como cualquier otro habitante y si esto implica su expulsión, porque violaron las leyes, que así sea. Pero en el país que yo sueño no echamos a patadas a nadie, en todo caso se aplica la ley. Porque si vamos a vivir en un país civilizado, en un país donde impere el derecho, acá las patadas las dan en todo caso los que violan la ley, no los que quieren imponer la ley. Un país de inmigrantes y un país con leyes.

Si la Argentina utiliza inteligentemente la inmigración puede también ejercer influencia en la región, justamente, por el hecho de tener inmigrantes. Es una excelente política exterior abrir la inmigración a otros países, es una manera de atraer turismo, es una manera de inversiones, de fomentar el comercio, es una manera también al educar a otras personas que cuando vuelvan a sus países o se muden a otras partes van a tener nuestra identidad y nuestros valores, nadie se olvida de la experiencia de haber vivido en otro país. Entonces, una forma muy inteligente de compensar la debilidad relativa que Argentina tiene, por ejemplo, frente a Brasil, es con una política migratoria generosa, lo cual no quiere decir ingenua o estúpida. Quiere decir que, así como fuimos generosos en su momento para abrirle el país a inmigrantes que vinieron de Europa, de Asia, de Medio Oriente y también de América Latina, podemos utilizar esto en potencia para tener una influencia más efectiva, que nos convenga de forma egoísta como sociedad, de aquí en adelante.

Recuerden un dato que no es menor y es que la tasa de inmigración en términos proporcionales a la población que vive en el país, de países limítrofes o de países de la región es la misma de la que tenemos en el último tercio del siglo XIX, básicamente, da el 0,5% de la población, la mitad se queda y la mitad vuelve.

Es decir, la tasa de inmigración efectiva de los países limítrofes no ha cambiado desde que tenemos registro.

Por supuesto que en términos absolutos es un número más grande porque crece nuestra población, pero esto, lo que en todo caso está indicando es que hay una corriente de inmigración que es constante, que tiene que ver con las oportunidades que a pesar de todo brinda el país, con un diferencial de ingresos que existe en la Argentina respecto de otros países de la región y también con acceso a bienes públicos que para nosotros están deteriorados, pero para muchos otros habitantes de países de la región siguen siendo muchísimo mejores de lo que reciben en sus países.

Ahora, ¿para qué queremos inmigración? Eso tenemos que discutirlo en el contexto de lo que no tenemos, que es este plan estratégico de desarrollo que la Argentina necesita urgentemente y que nuestra clase política se niega a discutir. Si no tenemos ese plan, la política inmigratoria y todo lo demás carece de sentido porque son instrumentos que están en todo caso definidos sin un norte, sin un porqué.

Entonces, con la ley en la mano y con un espíritu que tiene que respetar nuestra tradición de país abierto a la inmigración, yo creo que tenemos que pensar hacia adelante una política inmigratoria inteligente, que capture obviamente talento, que tenga en cuenta también la dinámica demográfica de la Argentina. Tenemos un bonus demográfico, es decir una población joven que se está achicando, un país que se está avejentando y lamentablemente no cumplimos con el principio de construir riqueza, de generar riqueza antes de volvernos una población vieja.

En todo caso, cuando eso ocurra, vamos a distribuir pobreza no riqueza y esto implica jubilados pobres o muy pobres de acá en adelante. Teniendo en cuenta esa dinámica, el drama de la economía informal, todas las cuestiones fundamentales que el país tiene para discutir en adelante, discutamos el todo y no las partes. Pongamos en contexto los debates y evitemos caer en los facilismos fascistas que no hacen otra cosa que enturbiar el debate público.

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