Inmigración, empleo e impuestos: la variada oferta en Italia

Temas como la masiva inmigración que llega a través del Mediterráeno, el papel de Italia en Europa, el magro mercado de trabajo o los asfixiantes impuestos encabezan la lista de las preocupaciones de los italianos y hoy estas preocupaciones se reflejarán en las urnas.

Sobre el candene tema de la inmigración, el Movimiento Cinco Estrellas (M5E) y la coalición de centroderecha de Berlusconi están de acuerdo: quienes no tengan derecho de permanencia deben ser expulsados de forma inmediata. Pero mientras Forza Italia y sus socios de la Liga abogan por controles fronterizos más fuertes y la expulsión de inmigrantes, el Movimiento Cinco Estrellas exige vías legales y seguras para la llegada de refugiados a Europa. La llegada de 180 mil inmigrantes durante 2016 y de casi 120 mil durante 2017, según datos oficiales, han sido en gran parte la causa que impulsó en los sondeos a la Liga. Gracias a ese fenómeno pasó de ser un partido del norte (la ex Liga Norte) a una fuerza nacional.

Al igual que el gobernante Partido Democrático (PD), el M5E pide una revisión del Acuerdo de Dublín, que prevé que los refugiados pidan asilo en el primer país europeo al que llegan. El PD, por su parte, pide una mayor solidaridad de los socios de la UE en la crisis de refugiados, que hasta ahora ha sido mínima.

En cuanto a la Unión Europea (UE), es la bestia negra del M5E y la Liga. La coalición de centroderecha aboga por una revisión de los tratados europeos y rechaza la estricta política de ajuste y austeridad de Bruselas, pero Forza Italia se sitúa claramente a favor de Europa, mientras la Liga critica las normas europeas y cree que el euro es una divisa perjudicial para Italia. Esto es en parte cierto: la imposibilidad de devaluar la moneda nacional quita competitividad a la industria italiana.

El M5E renunció recientemente a su propuesta de convocar un referéndum para que los italianos pudieran decidir sobre la permanencia de Italia en el euro, provocando alivio en Europa. El PD aboga en cambio por “más Europa” y defiende la creación de un ministro de Finanzas europeo y la elección directa del presidente de la Comisión Europea.

Otro punto de disputa es el fiscal y la deuda pública. La deuda de Italia es uno de los mayores problemas del país, superando el 130 por ciento del producto interno bruto (PIB). Pese a esto, todos los partidos prometen recortes fiscales. El centroderecha defiende una “revolución fiscal” y propone una cuota impositiva única o “flat tax” del 20 por ciento en el caso de Forza Italia y del 15 en el caso de la Liga. Silvio Berlusconi no esconde que ello le costaría al Estado muchos miles de millones de euros. Italia ya tiene un abultado déficil fiscal crónico, que supera el 2,5 por ciento del PIB y los 40 mil millones de euros anuales, lo que ha generado aquella enorme deuda pública. Berlusconi promete incluso una pensión mínima de mil euros, beneficio que podría alcanzar a 15 millones de italianos. Nadie sabe de dónde saldría el dinero para eso.

El eslogan de campaña del M5E es “menos impuestos, más calidad de vida”. El movimiento pretende aliviar las cargas fiscales de quienes menos ganan. El PD, por su parte, quiere acabar con la tasa a la radiodifusión y reducir el impuesto sobre la renta de las familias.

El desempleo es otra llaga en la piel de Italia. El país tiene un desempleo del 11 por ciento, que llega al 32 por ciento en el caso de los jóvenes. Y en el sur se dispara al 40 por ciento. Reducirlo es un objetivo declarado de todos los partidos, pero las ideas son relativamente vagas: el M5E quiere incentivar la inversión para crear nuevos empleos en sectores como las nuevas tecnologías. El PD aboga por un salario mínimo por ley e igualdad salarial para hombres y mujeres. La coalición de Berlusconi y la Liga apuesta porque las rebajas fiscales a las empresas provoquen la creación de nuevos puestos de trabajo. Berlusconi propone además liberar de impuestos durante seis años a las empresas que contraten a desempleados.

La italiana es la tercera economía de la eurozona luego de Alemania y Francia, pero ha perdido mucho terreno con la globalización, a la que no ha sabido adaptarse en especial la industria.

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