El último vestigio

Cayo Nuevo, un arrecife coralino a 150 millas náuticas al noroeste de Progreso, sería, según socios del club de buceo Muk Haa’, la última evidencia de la isla La Bermeja

Una extensión de unos 150 metros de largo por 30 de ancho, aproximadamente a 150 millas náuticas al noroeste de Progreso, quizás sería la última evidencia de La Bermeja.

El arrecife coralino con una superficie rocosa y en forma de media luna, con bancos arenosos a 40 metros de profundidad, coincide con algunas de las características descritas por expertos de lo que probablemente es el único vestigio de la famosa isla fantasma, inexistente en los mapas contemporáneos.

La hipótesis, esa posibilidad, la comparten los integrantes del Club de buceo Muk Haa’ (topónimo maya que significa agua enterrada), un grupo de amigos y familiares que gracias a la práctica recreativa de la actividad subacuática les permite, en cada expedición, descubrir lo que la naturaleza, el mar guarda con recelo en sus entrañas.

Océanos y cenotes

Ahora conocida como Cayo Nuevo, el reducido islote es uno de los numerosos sitios que a lo largo de 18 años, los más de dos decenas de submarinistas de la agrupación disfrutan en sus numerosas expediciones por la Península de Yucatán, el Caribe, en las costas del océano Pacífico, Sudamérica y hasta en el otro extremo del mundo, en el Mar Muerto o en Egipto.

Los buzos también se han sumergido en las profundidades de algunos de los más de 5,000 cenotes que forman parte de un cinturón de ríos subterráneos diseminados por el estado.

Los antecedentes del club de buceo Muk Haa’ los recuerda vívidamente, en la primera de dos entregas, su impulsor, Raúl Trava Barrera, que con un puñado de conocidos comenzó a fomentar el gusto por nadar bajo la superficie del agua en junio de 2000, después de que se certificaron como buzos en Cozumel, y cumplir los requisitos para gozar de esa experiencia que describe como única y apasionante.

“En junio de hace 18 años, junto con Jorge Carrillo Sáenz, Abdala Farah Medina, Fernando Torres Ortegón, José Rosado Pasos, Alfonso y Juan Miguel Castro López; Jorge y Ricardo Medina Rodríguez, con la supervisión de Aarón Díaz López, nuestro instructor desde hace años, comenzamos las andanzas por el mundo del buceo”, rememora Trava Barrera.

El punto de reunión, donde la veintena de amigos traza y planea sus exploraciones subacuáticas, es el pequeño local del Centro de Buceo Poseidón, propiedad de Díaz López, en el número 77 de la calle 17 entre 14 y 16 de la colonia México, en el norte meridano.

Comienza la aventura

La primera inmersión de los amigos fue en Arrecife Alacranes, decretado Parque Nacional el 6 de junio de 1994, un grupo de pequeñas islas de formación coralina a unos 130 kilómetros de las costas progreseñas, que hace más de tres lustros, según recuerda el pionero del club de buceo, era “un lugar casi virgen, donde muy pocas personas acudían”. El traslado hasta Alacranes demoraba unas 12 horas partiendo en barcos pesqueros desde Progreso.

Con los buenos resultados obtenidos, deseosos de conocer más sobre la vida submarina y continuar en la práctica del buceo, los integrantes del círculo decidieron expandir sus horizontes y viajar a San Pedro, Belice, en 2001, en lo que fue su segunda expedición.

De manera similar, también comenzaron a unirse más compañeros y amigos a la naciente agrupación, y así continuaron zambulléndose en las profundidades de las aguas turquesas de Cozumel y Playa del Carmen, en Quintana Roo.

Además, refieren Carrillo Sáez y Farah Medina, recorrieron prácticamente los abismos marinos de las costas yucatecas, desde Dzilam hasta Celestún, en la jurisdicción de la Reserva El Palmar. Con la pericia ganada también creció el número de adeptos al club, hasta sumar más de 20 personas, y mayores los deseos de descubrir otros mundos submarinos en los alrededores de la península de Yucatán. Así agregaron a los itinerarios de sus excursiones: Cayo Arenas y Arrecifes Triángulos, a unas 109 y 150 millas náuticas del puerto de abrigo Yucalpetén, respectivamente.

Arrecife Triángulos, de acuerdo con Trava Barrera, sirvió como puesto de vigilancia a elementos de la Naval. Cuenta con dos construcciones y un faro, pero a raíz del azote del huracán “Isidoro” en 2002, la isla fue desalojada y abandonada por los marinos. Hoy quedan las ruinas de los edificios.

“El lugar se ubica en los límites del Mar Caribe con el Golfo de México, y además de ser un punto estratégico para la navegación pesquera, ahí hay variados ecosistemas de flora y fauna, tanto en el exterior como en el fondo de mar que lo convierten en un atractivo para los amantes del buceo”, abunda el experimentado buzo.

Misteriosa isla

Sin embargo, Trava Barrera confiesa que por los enigmas que encierra en sí misma, la reducida extensión o mancha de material coralino, con piedras tipo volcánico como la pómez, Cayo Nuevo, tiene un encanto natural.— Carlos Fernando Cámara Gutiérrez. @carloscamarag

“El buceo es una experiencia única, y apasionante que te permite conocer tus alcances y descubrir lo que guardan en sus entrañas mares y cenotes”, dice Raúl Trava

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