El Caribe es la región con menos vasectomías realizadas en el país

“El machismo y la falta de información son los mayores enemigos de este tipo de procedimientos”, así explica Carlos Cobo, de 35 años, su experiencia con la vasectomía.

Él decidió practicársela hace unos años “porque no quería que la familia creciera más, eso en primera instancia”. Pero también influyó la salud de su esposa, ya que, en su concepto, “el procedimiento para las mujeres es más complejo y requiere de una recuperación más larga”.

La vasectomía es un método anticonceptivo permanente y definitivo para los hombres. Consiste en cortar o ligar los conductos deferentes por donde pasan los espermatozoides desde los testículos, para salir en la eyaculación, evitando la concepción.

En el 2009 Andrés Gutiérrez, de 41 años, tomó esta misma decisión. “Pienso que es un acto de responsabilidad. Cuando era adolescente me cuestionaba si quería tener hijos o no, y después de meditarlo y un susto con una niña, lo hice. Es un acto de responsabilidad conmigo y con las personas que he estado, porque nunca quise tener hijos”, asegura.

Sencillo

 Se trata de una técnica mínimamente invasiva. El médico localiza dentro del escroto los conductos deferentes y aplica anestesia local. Al cortar el conducto que transporta los espermatozoides desde los testículos hasta la uretra se interrumpe la fertilidad, manteniendo la salud sexual intacta.

“Al comienzo existen muchas dudas acerca de los efectos del procedimiento y es la razón por la que a muchos hombres les da miedo”, afirma Carlos.

En el caso de Andrés, él considera que fue “un procedimiento muy sencillo”.

“Me acerqué a Profamilia, me dieron una asesoría completa, me cuestionaron mucho y me aclararon varias veces que no iba a tener hijos. Dije que sí”, relata.

Jonathan Vargas, gerente regional norte de Profamilia, explica que muchos piensan que la vasectomía es una castración y nada tiene que ver.

Profamilia ha realizado entre 2017 y lo que va de 2018 un total de 41.876 vasectomías a nivel nacional. En Sudamérica, Colombia es el segundo país con la prevalencia más alta de este procedimiento.

En la regional norte (Región Caribe) se ha mejorado la realización de esta cirugía, pero sigue la diferencia con el resto del país. 

“Entre 2016 y 2018 hemos realizado alrededor de 1.200 cirugías, y en ese mismo periodo en la regional centro se han realizado más de 13.000. En Antioquia y el Eje Cafetero más de 20.000”, asegura Vargas, teniendo como primera barrera el aspecto cultural.

De esta cifra de la Región Caribe el 50% es de Barranquilla. “Las ciudades que más realizan son Barranquilla y Montería. Hemos aumentado, pero aún falta mucho”.

Aspecto cultural

 Hay muchos mitos que sirven de barrera para que los hombres tomen la decisión, coinciden todos, pero tanto Andrés como Carlos admiten que se sienten muy satisfechos con la decisión. “No es fácil porque es una decisión de vida y no es reversible”, destacan.

Vargas explica que muchas veces las mujeres se oponen a esta intervención, porque “creen que el hombre les será infiel o perderán su potencia sexual”, una idea que, agrega, debe cambiar.

“Yo puedo vivir una sexualidad plena sin dejar hijos regados por ahí. Hay que separar las cosas”, apunta Vargas.

Los cuidados de esta cirugía, que está incluida en el POS y los hombres pueden acudir a su EPS para solicitar el procedimiento, se reducen a no tener relaciones sexuales durante una semana, planificar durante tres meses más y luego hacer una prueba para confirmar si ya no hay espermatozoides en la eyaculación.

Algunos dicen que se pierde la potencia sexual y, dice Andrés, eso no es cierto. “Al contrario, siento que a nivel sexual he mejorado mucho y me permite tener más libertad a través de la responsabilidad y tranquilidad de saber que no voy a concebir en mis relaciones”.

“Es nuestra misma ignorancia la que en ocasiones no nos deja tomar decisiones acertadas, hay que informarse acerca de lo que nos interesa”, sostiene Carlos.

En el tema de encontrar pareja, dice Andrés, a veces se complica un poco el asunto al momento de contar que se sometió al procedimiento.

“Cuando se enteran y no tienen hijos, no me consideran una opción de vida y más cuando tienen un rango de edad entre los 25 y 35 años. Entonces procuro buscar parejas que ya tengan hijos o no quieran o puedan tener. Para personas que sueñan con tenerlos yo no sería la persona indicada. Me ha pasado que algunas dicen que no les interesa y entonces deciden apartarse”, recuerda.

Ambos lo recomiendan por su experiencia, sin embargo, Andrés destaca que es importante “que realmente sepan y tengan conciencia que no van a querer tener hijos. Además, para quienes ya tengan y no quieran más es un acto de responsabilidad”

Agrega que “algunos piensan que es por el machismo, los mitos como lo de potencia sexual. Al contrario, considero que es la mejor recomendación por ser responsable consigo mismo y las familias. No tener los hijos que no quieres o no puedes mantener”.

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