El camaleónico Johnny Hallyday (1943-2017)

Al morir el 6 de diciembre, Francia perdió una de las “bestias escénicas” más fantásticas que haya producido su industria del entretenimiento. Amado y odiado en su tierra, con el también llamado “Elvis francés” no había término medio. Su fallecimiento ya se esperaba, pues en abril él mismo anunció que padecía cáncer pulmonar, e incluso Wikipedia lo dio por muerto una semana antes de su partida, manteniendo la noticia algunos días.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Los años yé-yé en la década de los sesenta vieron florecer al ídolo juvenil galo Johnny Hallyday, junto con el rocanroleo de su amada Sylvie Vartan y sus compadres los “viejos canallas” Eddy Mitchell y Jacques Dutronc, al paralelo de las figuras establecidas de la canción tradicional francesa George Brassens, Charles Trenet, Jacques Brel o Léo Ferré.

Según señaló al devenir de la nueva centuria el periodista y coeditor de Le Parisien, Maurice Achard, el camaleónico artista parisino (cuya muerte por cáncer pulmonar a los 74 años enlutó al país de la Torre Eiffel la medianoche del pasado martes 5 de diciembre), “es símbolo por derecho propio de la Francia moderna de la segunda mitad del siglo XX; la Francia posterior a la guerra mundial con sus altibajos, como el mismo animal obstinado de Johnny Hallyday, cantante francés de cultura americana”.

Su existencia fue una montaña rusa de agitaciones desde que su padre belga abandonó a la esposa (francesa), y a los cinco años el pequeño Jean-Phillippe Smet (su nombre real, nacido en París el 15 de junio de 1943) fue enviado a vivir en Londres con su tía Hélène Mar, bailarina que montaba espectáculos acompañada de sus hijas Desta y Menen. Le decían Johnny, y Desta frecuentaba a Lemone Ketchan, el médico familiar que se apodó Lee Hallyday; éste apellido lo retomó luego de aprender a rasgar en la guitarra canciones de Brassens y temas vaqueros tipo “La balada de David Crockett”.

Johnny Hallyday sacó en marzo de 1960 su primer disco de 45 R.P.M. en la disquera Vogue con “Laisse les filles” y “T’aimer follement”, rocanroles en su lengua natal. El 3 de junio obtuvo el primero de una larga cadena de éxitos con “Souvenirs, souvenirs”, refrito de un rock estadunidense. Interpretados por este muchachito rubio de ojos azul profundo, facciones, copete y boca a la James Dean que contorsionaba su pelvis al estilo Elvis, enloquecieron al público al abrir el espectáculo de Raymond Devos, en L’Alhambra. Para febrero de 1961 gritó a modo de Ricardito “Tutti Frutti” en inglés, electrizando a la chaviza del I Festival de Rock en el Palais des Sports de París.

“Fueron discos demasiado bizarros, y yo cantaba entonces muy desafinado”, declararía mucho tiempo después. Pero apenas eran balbuceos del fenómeno “salvaje” que se avecinaba. Su sitio oficial en internet contiene 28 mil páginas, y el portal establece las marcas de un enorme archivo:

50 álbumes, 994 canciones, 541 duetos con 187 artistas.

10 premios Victoires de la Musique.

48 certificados por más de un millón de discos.

34 grabaciones en vivo.

110 millones de ejemplares disqueros vendidos.

40 películas (filmó con Jean Luc Godard y Costa-Gravas).

Protagonista de una obra de teatro en 2011 (Le Paradis sur Terre, obra de Tennessee Williams).

184 giras con 30 millones de espectadores en 3 mil 257 conciertos, habiendo cantado en más de 40 países (http://www.hallyday.com/).

Arrancó con discos Phillips; se consiguió representante (un tal Johnny Stark), educó su voz y aumentó paulatinamente la potencia vocal. En Londres grabó otro de 45 R.P.M, Nous quand on s’embrasse, tras la senda de “Confidente de secundaria” de Jerry Lee Lewis e “Il faut saisir la chance”, pieza original de Georges Garvarentz, cuñado de Charles Aznavour. Siguió “Viens danser le Twist”, en versiones francesa e inglesa, inspirado por Chubby Checker que le subió el telón a una temporada en el Olympia parisino.

En la comedia fílmica Les Parissiennes le cantó al oído “Retiens la nuit” a una actriz jovencita, Catherine Deneuve, con quien el güero sostuvo un breve romance. Llegó en febrero del 62 a Nashville para plasmar clásicos rocanroles que comercializó también en México, bajo los títulos El disco de oro de Johnny Hallyday (LP en discos Sol) y Conozca al Elvis francés (Phillips). El 14 de julio de 1963, de gira por Trouville, cantó “La Marsellesa” a ritmo de twist, enfureciendo a los combatientes de la guerra; el 15 de septiembre pasaría las vacaciones con su novia cantante Sylvie Vartan (de 18 años de edad) en México. En 1968, casado con ella, efectuó una larga gira por Sudamérica, el Caribe y Sudáfrica.

Es sólo rocanrol

No tuvo empacho en fotografiarse de corbata junto al general Charles De Gaulle frente al árbol navideño en Palais de L’Élysée, pese a que Hallyday siempre aseguró “haber nacido en las calles” y ostentar sus tatuajes.

Amigo de los presidentes Valéry Giscard d’Estaing y Jacques Chirac, el 25 marzo de 1996 se casó con su última esposa, Laeticia, en Neuilly sur Seine, el ayuntamiento que regía Nicolas Sarkozy, fan de Johnny. Curioso que con ella visitara la Cuba de Fidel Castro varias veces. En 1993 justificó sus transformaciones de Bestia escénica, como lo demonizó afectuosamente la prensa:

“Para mí es muy fácil adaptarme. Me siento igual de bien portando un smoking, que unos pantalones de mezclilla o una chamarra de cuero negra.”

Por junio de aquel año, al celebrar medio siglo de trayectoria en el Parque de los Príncipes de París, se le acusó por desvío de 3 millones de francos tras abrir su restaurante Johnny Rock Café, cerca de la exclusiva zona de Los Inválidos. Cuando el candidato socialista François Hollande ganó en 2006 las elecciones francesas, Hallyday se exilió en la invernal Gstaad, Suiza, una vez que en su país Hacienda le requirió 9 millones de euros. Se rebeló:

“Si les debo tanto, tendrán que esperar. No tenemos dinero…”

Para 2014, había cambiado con su esposa Laeticia nuevamente de país:

“Estos periodistas son unos idiotas, somos residentes de Estados Unidos, no en Suiza”, tronó; pero nunca pensó en mudar su nacionalidad. Lobo de mar, el antiguo ídolo de la juventud francesa grabó blues, jazz, baladas con combos u orquesta sinfónica (el baterista de Paul McCartney, Abe Laboriel, tocó en sus conciertos). “Le pénitencier” (cover de “La casa del sol naciente”) vendió muy bien en Alemania. Su gira de marzo 1966 abarcó Polonia, Checoslovaquia, Grecia, Camerún y Canadá; se burló en mayo de los beatniks iconoclastas de “Cabellos largos e ideas cortas”, presentándose por octubre con el guitarrista Jimi Hendrix en el Olympia.

Presidió el Harley Davidson Club Desperados y compró autos último modelo a granel; se estrelló conduciendo su coche con Sylvie Vartan en 1970; proverbial pasión la suya fue el participar en rallys de carreras automovilísticas. Hacia 1973 visitó Brasil y buena franja de América Latina, triunfando en estadios argentinos al año siguiente. El 28 de mayo de 1974 brindó memorable tocada a los prisioneros de una cárcel suiza y recorrió 4 mil kilómetros por el caluroso Valle de la Muerte, en la frontera con México, montando una Kawasaki 900 con su fotógrafa Sacha.

Al año grabó cerca de Graceland, la mansión de Elvis, Rock à Memphis; pero debió pagar una millonada en impuestos. Fiel a los pasos de El Rey del rocanrol (cuya cinta Loving you de 1957 fue la piedra de toque en su arte), hizo servicio militar en Berlín, y en 1996 cantó ante 7 mil seguidores en Las Vegas. Caballero de la Legión de Honor 1998, los últimos años los gozó haciendo trío con sus “viejos canallas” Eddy Mitchell Schmoll y Jacques Doutronc (el Van Gogh del filme francés de 1991); sus dos hijas vietnamitas adoptivas, Jade y Joy, y la bella Laeticia, 32 años más joven que él.

Fue ella quien dio a conocer la noticia de su muerte:

“Johnny Hallyday se fue… Nos ha dejado esta noche en la forma como vivió su existencia completa: con coraje y dignidad.”

Este texto se publicó el 10 de diciembre de 2017 en la edición 2145 de la revista Proceso.

Powered by WPeMatico

Related posts