Editorial: Extremismo hacia los inmigrantes

La animosidad de la administración Trump a los inmigrantes es una vergüenza para nuestro país. De la misma manera, que es relegar por cobardía el poder que Estados Unidos tiene como líder mundial al no participar en el debate sobre los problemas globales.

El gobierno del presidente Donald Trump boicotea la reunión que se realiza en Puerto Vallarta, México, para lograr un pacto mundial sobre migración, bajo los auspicios de las Naciones Unidas.

El viernes dio un portazo dando fin a la participación estadounidense como firmante de la Declaración de Nueva York del año pasado. Se dijo que numerosas cláusulas “son inconsistentes con la política de inmigración y refugiados de Estados Unidos… y con los principios sobre inmigración de la administración Trump.”

“Nosotros decidimos lo mejor para controlar nuestras fronteras y quien puede entrar a nuestro país. El enfoque global… no es compatible con la soberanía de Estados Unidos”, se afirmó.

Esta es la imagen de un gigante, paranoico y miedoso rodeado de muros por miedo a los helicópteros negros de las Naciones Unidas. Esos que en la histeria ultraconservadora invadirán Estados Unidos para imponer un gobierno global sobre Washington.

Los reportes dicen que la política nativista del asesor presidencial, Stephen Miller, del secretario de Justicia Jeff Sessions y del jefe de Gabinete John Kelly, prevaleció sobre las objeciones del Departamento de Estado y de la representante de Estados Unidos ante la ONU, Nicky Halley.

La miopía extremista que domina la política interna de inmigración se impuso sobre el sentido común de seguir en el proceso para influenciar el resultado. El que comprende que estos acuerdos suelen tener recomendaciones generales que no son obligatorias.

Pero ser razonable es mucho pedir a un Presidente que odia el multilateralismo, tal como lo demostró con acuerdos comerciales y de medio ambiente. Ni hablar cuando se trata de inmigración.

Es trágico que principios humanos básicos, algunos contenidos en la Constitución, sean “inconsistentes” con el gobierno en Washington.

Es inadmisible que los conceptos de protección al individuo contra la violencia, la xenofobia, no perseguir a los niños y reconocer el aporte positivo de los inmigrantes, sean vistos como parte de una amenaza a la soberanía nacional.

Vivimos un momento en que las autoridades de inmigración buscan indocumentados para deportarlos en los tribunales cuando van a declarar, en las ambulancias para atrapar al paciente que va rumbo al hospital para ser operado y hacen complicadas audiencias de deportación contra niños sin asesoría legal.

Esos son los principios “soberanos” de inmigración que defiende la Casa Blanca. Quizás lo mejor para el mundo es que queden detrás de las murallas. Lástima por los inmigrantes que quedamos atrapados.

Pero todo pasa. Como ayer se firmó la Declaración, hoy se la rechaza y mañana podemos volver a la normalidad de respeto a los derechos a los derechos humanos a través del voto. Ese es el reto.

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