Confirman a polémica exespia como directora de la CIA

El Senado de Estados Unidos confirmó este jueves a Gina Haspel como próxima directora de la Agencia Nacional de Inteligencia (CIA), tras semanas de reticencias por sus vínculos con un programa de torturas practicado durante el Gobierno de George W. Bush (2001-2009).

Así, Haspel, de dilatada carrera en la inteligencia estadounidense, se convirtió en la primera mujer en dirigir la CIA.

La nueva directora trabajó durante 33 años como agente encubierto y solo en las últimas semanas la CIA ha divulgado el destino de algunas de sus misiones, en un esfuerzo de transparencia por limpiar la imagen de la agente y cosechar el apoyo de una mayoría de senadores para su confirmación.

Haspel se comprometió en su audiencia de confirmación la semana pasada a no reanudar “bajo ninguna circunstancia” el programa de torturas que la agencia puso en marcha tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, aunque evitó posicionarse como un contrapeso al presidente.

La nominada del presidente Donald Trump se enfrentó a una dura audiencia en el comité de Inteligencia del Senado, donde los demócratas trataron de arrancarle el compromiso de plantar cara a Trump si le pide reanudar el programa de torturas, tal y como prometió el gobernante durante la campaña para las elecciones de 2016.

Haspel dijo el martes que el duro programa de interrogatorios que la agencia ejecutó en sitios clandestinos después de los ataques del 11 de septiembre del 2001 no debería haberse llevado a cabo.

El martes, Haspel intentó aplacar los cuestionamientos con una carta que envió al principal demócrata en la Comisión de Inteligencia del Senado, con miras a apuntalar el apoyo a su confirmación en la cámara alta.

“Aprendí las lecciones difíciles del 11 de septiembre”, escribió Haspel. “Con el beneficio de la retrospectiva y de mi experiencia como líder sénior de la Agencia, el programa de interrogatorio fuerte no es uno que la CIA debería haber emprendido”.

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Haspel dijo que se “negaría a emprender cualquier actividad propuesta que sea contraria a mis valores morales y éticos”.

La carta de Haspel fue solicitada por el senador Mark Warner, demócrata por Virginia, que se encuentra entre los demócratas clave cuyos votos serán cruciales en el Senado, especialmente después de que el senador John McCain, republicano de Arizona, instó a sus colegas a rechazar a la candidata por su papel en los interrogatorios de la CIA.

Los comentarios de McCain provocaron un nuevo debate sobre las técnicas de tortura ahora prohibidas.

Trump ha dicho que el país debería considerar el uso de estas técnicas y el ex vicepresidente Dick Cheney, quien fue parte integral de la estrategia tras los atentados terroristas, dijo la semana pasada que si dependiera de él “lo haría de nuevo”.

Las técnicas de tortura de la CIA fueron prohibidas en 2009 por el entonces presidente Barack Obama y el Congreso legisló en contra de esos métodos en 2015.

“No reanudaré bajo ninguna circunstancia el programa de interrogatorios de la CIA, bajo ninguna circunstancia”, prometió.

Por lo que más preocupación expresaron los senadores fue sobre el papel que Haspel jugó en 2002 cuando se encargó de supervisar una cárcel secreta que la CIA tenía en Tailandia y donde fueron interrogados dos sujetos acusados de pertenecer a al-Qaeda: Abu Zubaida y Abd al Rahim al Nashiri.

Abu Zubaida fue interrogado antes de que Haspel se hiciera cargo de la cárcel y fue sometido 83 veces a la técnica de ahogamiento simulado, que consiste en verter agua sobre el rostro cubierto con una tela para provocar la sensación de asfixia al interrogado.

Mientras tanto, con Haspel ya al frente de la cárcel de Tailandia, al Nashiri sufrió tres veces esa práctica, según informes hechos públicos por el Congreso.

La CIA cerró la prisión de Tailandia en 2002 y Haspel pasó a trabajar para José Rodríguez, director de los Servicios Clandestinos de la agencia de inteligencia.

En 2005, a petición de Haspel y sin el visto bueno de la Casa Blanca, Rodríguez ordenó la destrucción de las 92 cintas de vídeo en las que se documentaron las torturas.

Preguntada sobre esos hechos, Haspel aseguró que ella defendió “absolutamente” la destrucción de las cintas porque, aunque nunca las visualizó, sabía que aparecían los rostros de los autores de los interrogatorios y eso les convertía en un posible objetivo de al-Qaeda.

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Haspel aseguró que la CIA ha aprendido algunas “lecciones difíciles”, pero también pidió a los senadores que recuerden el contexto que siguió a los atentados del 11 de septiembre, cuando Estados Unidos temía volver a sufrir otro ataque en su territorio.

Para defenderse de las críticas de los senadores, les recordó sin ningún pudor cómo tuvo que “dormir en el suelo” en algunas bases militares, las dificultades a las que se enfrentó como mujer y algunas de sus misiones más peligrosas, por ejemplo como agente encubierto en Etiopía y Turquía durante la Guerra Fría.

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