Agasajos desataron sonrisas en las madres damnificadas del terremoto

Los parlantes gigantes llenaron de música el estadio Heráclides Ñañá Marín de Bahía de Caráquez, en Manabí.

Al ritmo de salsa y merengue, unas cincuenta madres, de entre los 235 damnificados alojados ahí tras el terremoto del pasado 16 de abril, fueron de a poco ocupando ayer el graderío del escenario para recibir un agasajo por su día.

Betsy Zambrano, líder de los albergados, supervisó desde temprano las tareas que un grupo de hombres hacía en una improvisada cocina.

“Ellos no nos han dejado hacer nada hoy”, dijo mientras Ramón Cabezas, otro de los líderes, demostraba lo ágil que era pelando papas. “Las madres no pueden entrar a la cocina. Vamos a preparar pollo hornado, papas, ensalada y jugo de tamarindo”, aseguró sonriente y sin descuidar la comida.

Con la música, la fiesta y pequeños obsequios, se buscó que las madres olvidaran por unos momentos la tragedia y el dolor que sienten por la pérdida de familiares y de sus bienes.

“Que sientan un poco menos las penas, es una muestra de cariño y aprecio. Desde el desayuno de hoy no les permitimos levantarse a ninguna mamá, todos los hombres se hicieron cargo”, señaló el teniente Edwin Cañizares, encargado de este albergue, que recibe a 134 adultos y 101 menores.

La representante del Ministerio de Inclusión Económica y Social en el acto, Ivonne Guillén, destacó las virtudes de las madres manabitas y el valor que demostraron durante el trágico terremoto.

Esperanza Pazmiño, sus dos hijos y una nieta se cuentan entre los damnificados. “Nos ayuda a olvidar el desastre, por lo menos hoy”, dijo desde el graderío donde se observan las 50 carpas donadas por la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados.

En Manta, uno de los cantones afectados por el terremoto, también hubo agasajos para las mujeres que pernoctan con sus familias bajo carpas. En el barrio Santa Fe número 2, aproximadamente 70 madres fueron sorprendidas por un grupo de voluntarios que llegó hasta el predio donde están albergadas, para llevarles una serenata, pocos regalos y algo de ropa.

Acompañada de una pista musical Anahí Cedeño interpretó los temas Señora, Señora, Regalo de un hijo y Dónde está mi primavera. Y la dedicatoria sacó lágrimas a algunas madres que participaron.

Luego de la animación musical hubo un sorteo para entregar dos regalos. Gabriela Lucas y Teresa Saltos fueron las ganadoras. “Uno se pone nostálgica porque teniendo su casa tiene que estar así pidiendo ayuda a ver dónde puede albergarse”, sostuvo Saltos, madre de tres hijos, que vivía en Tarqui.

Más temprano, en Portoviejo, en los alrededores del parque Forestal, hubo un breve agasajo con mariachis después de la misa dominical que se oficia en el sitio, desde que la capilla San Cayetano resultó afectada con el movimiento sísmico.

Allí se albergan 27 familias, y Jenniffer Tejena, damnificada, aprovechó la ocasión para bautizar a su hijo de 6 años. Su otro pequeño de 4 murió entre los escombros a los que se redujo la casa donde vivía.

Luego de la ceremonia, miembros de las Fuerzas Armadas llevaron a ese albergue donaciones. Mientras, vecinos regalaron rosas. “Estos actos así a uno la motivan en medio de la tristeza de haberse quedado sin nada”, dijo Gabriela Lucas.

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